Cuando éramos volcán

Enric Ochoa-Prieto

conmarcoY yo me fundía en tu sábana. Aún lo recuerdo. Dime que tú no. Que ya no sientes aquel terremoto. Miénteme desde otras manos y dime que el frío se puede soportar. Dímelo. Dime cómo escapar del ojo de la tormenta –tan perfecta, tan nuestra- que un día fuimos. Va. Hazlo.

Qué impredecible fuiste siempre, Tormenta. Qué fría, inesperada, altiva, insoportable, cariñosa, inteligente y rápida que fuiste. Te metías de noche en la mar sin temer el agua tan negra. Testigo la Luna. Qué ciclón. Me pillaste sin paraguas y yo que me alegro. Qué forma de lloverme y qué forma de salirte el sol. Qué todo y qué pena que ya nada.

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